lunes, 18 de enero de 2021

Caer, levantar y a contracorriente

Últimamente he estado y estoy mal, no es ningún secreto. 

Pero últimamente, había estado reuniendo fuerzas y me sentía mejor. Esto me hizo llegar a un punto de tomar un compromiso conmigo misma. Decidí que tenía que levantarme y comenzar a cambiar poco a poco los hábitos y las situaciones que me estaban dañando, en lo que estuviese en mi mano.

Y he comenzado a avanzar con los huesos rotos, ojeras y una mochila pesada encima, sabiendo que tengo un largo camino para estar bien, pero que cada paso cuenta.

Pero al primer paso me ha empezado una tormenta en la cara. Después del primer cuatrimestre del máster tenía un viaje programado para ver a mi novio, después de 4 meses y descansar, recuperarme, pero han cerrado su provincia y no puedo viajar. Era una posibilidad desde el principio, pero eso no cambia que duela. 

Dinero que no creo que recupere, incertidumbre porque no sé cuando le veré y tristeza, mucha tristeza.

Ahora tengo que terminar lo que me queda de cuatrimestre y me veo haciendo trabajos entre lágrimas. Más aún que antes.


Es difícil sentirse así.


Me estoy esforzando mucho y me duele mucho hablar de esto, y más con mis personas cercanas. No quiero que se cansen de mi tristeza, sobre todo, cuando lo estoy gestionando, sé que puedo.

Pero parte de mi forma de gestionar mis sentimientos es expresarme y por eso estoy aquí, donde pocos me miran y lo agradezco en el alma. Sé que a pesar de que odie sentirme vulnerable y sentimental, es bueno que sea capaz de desahogarme de alguna forma.

Porque en realidad, no puedo hacer nada, no hay nada en mi mano para solucionar esto, excepto digerir mis emociones y seguir avanzando. Las cosas malas que me pasan no cambian que quiera avanzar, sólo lo hacen más difícil. Pero si tengo que llorar, lloraré, aunque tenga abierto un word y vaya tecleando palabras cuando cojo un poquito de fuerza.

Sé que tengo el apoyo de muchos, que tengo el cariño de mi gente. Y siempre es algo bonito que tener. Me da fuerzas. Pero con quien estoy mal es conmigo misma, en primer lugar de todo. Y tengo que trabajar en entenderme a mi misma y mejorar mi propia situación es mi prioridad.

Tengo que aceptar que me voy a equivocar, como antes he hecho y que eso no puede ser un motivo para dejar de esforzarme. Tengo que aprender a aguantar la frustración y a tener mecanismos para desahogar todo lo que siento. Vamos, que hay mucho por mejorar.


En fin, si has llegado hasta aquí, gracias por leerme, no te preocupes, saldré adelante.

Lo siento por el tostón.

Me voy a seguir trabajando (literalmente)

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sábado, 5 de diciembre de 2020

Hola, estoy mal

No sé si servirá para algo, pero estoy haciendo un esfuerzo para salir adelante. 

Después de tanto tiempo en un punto muerto, en el que no era capaz de decir lo que me sucede, estoy intentando expresarlo. Estoy tratando de llorar, aunque me cueste, porque sé que si no lo hago, me lo quedo por dentro, y las lágrimas por dentro, ahogan. 

Estoy haciendo todo lo que puedo, porque lo necesito. 
Porque hay un punto en el que ya no puedo expresar una alegría que no tengo. 

Esta situación ya ha llegado a su límite y aunque no puedo realmente hacer las cosas como yo querría, he pedido ayuda. Al menos un hombro en el que llorar, porque tampoco creo que puedan hacer mucho más por mi ahora mismo. 
 Porque estoy tan mal que ya no me sale decir que estoy bien. 

Y aunque odio preocupar a la gente a mi alrededor, necesito superar todo el dolor que tengo adentro. 


PD: Si estás leyendo esto y te preocupas, te resumo lo que me pasa --> situación COVID (a nadie en mi entorno le ha pasado nada grave, pero estoy lejos de muchas de las personas que quiero, siento pena por todos los que están mal, tengo ansiedad si salgo y ansiedad si no salgo, miedo, incertidumbre sobre que va a pasar y echo de menos las pequeñas cosas del contacto humano), lo estoy pasando mal con el máster, y evidentemente, problemas conmigo misma relacionados con todo. Y sí, he pedido ayuda psicológica, pero hasta febrero nada.
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lunes, 1 de junio de 2020

(In)Mundo

A veces me cuesta vivir en este mundo.

Me cuesta levantarme y saber que tantos no lo hacen, o lo hacen para sufrir.
Me cuesta saber que hay maldad en el mundo y que está en todas partes. Que incluso yo soy susceptible a la maldad.

Me cuesta entenderlo todo. Bueno, no es que me cueste, es que no lo entiendo.

Soy parte de este mundo y el mundo es parte de mi, ¿cómo no sentir tristeza pensando en el sufrimiento ajeno? En esas vidas que no merecen la pena porque son dolor y no hay forma de volver atrás.

Deseo comprender al resto, lo difícil que es ser en sus cuerpos. Quiero ser mejor persona. Pero no sé.
Tengo todo por mejorar. Todo.

Y aún así, es posible que mejorar no signifique nada, que la gotita que puedo aportar no signifique absolutamente nada y las cosas sean iguales o peores.

Claro que quiero cambiar el mundo. Pero me siento inútil.

Ojalá ser increíble y poder hacer algo bueno por el mundo.

Espero no rendirme jamás, no abandonar, no hartarme.
Espero dar todo lo que sea capaz de dar.

O no ser yo quien lo cambie, pero que el mundo cambie.

No necesito ser yo.

Sólo quiero un mundo mejor.
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miércoles, 17 de abril de 2019

El cambio

Cambiar es difícil. 

Los cambios conllevan un duelo. Incluso, los que son a mejor, pues en cada cambio, hay algo que dejamos atrás, algo a lo que nos hemos acostumbrado. Y las personas somos muy dadas a mantener nuestras costumbres. "El mejor predictor de la conducta futura, es la conducta pasada"

Nos sentimos cómodos en nuestras costumbres porque ya conocemos el resultado, pero no sabemos lo que sucederá si cambiamos. Creemos que el puzzle encaja a la perfección.

Y es que por mucho que nos digan que va a ser mejor, nos cuesta visualizarlo. ¿Cómo encajará esta nueva pieza?

Al final somos ambivalentes, contradictorios, ¿y tal vez hipócritas?

Decimos que queremos cambiar y repetimos las mismas malas costumbres que ya sabemos como acaban, que ya sabemos que no acaban bien.

No sé si hipócritas, yo diría imperfectos, temerosos ante la incertidumbre, llenos de falta de confianza, de dudas, con una mochila más o menos cargada de fracasos, y cansados, muy cansados. ¿Cuánto más habrá que cambiar?

Pero, aunque las cosas no vayan al ritmo deseado, aunque cueste, aunque sea difícil, desistir es perder.


Tal vez nos quede mucho camino por delante, ¿quieres que vayamos despacito?
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